Tras una máscara dorada se esconde la sonrisa helada de aquel que no siente nada…
Una celda de sueños, una mazmorra de príncipes y princesas que jamás encontraron su cuento de hadas, un castigo ejemplar para el que mancha su camino de sangre, para el que da y quita, para el que pone fin, y se pone fin por no soportar la tristeza.
Una fría lápida de mármol y un clavel rojo a los pies, para el asesino del cisne. La hiedra teje una telaraña de olvido a su alrededor, y solo queda el dolor, solo queda el dolor…
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