La Muerte del Cisne

Tras una máscara dorada se esconde la sonrisa helada de aquel que no siente nada…

Una celda de sueños, una mazmorra de príncipes y princesas que jamás encontraron su cuento de hadas, un castigo ejemplar para el que mancha su camino de sangre, para el que da y quita, para el que pone fin, y se pone fin por no soportar la tristeza.

Una fría lápida de mármol y un clavel rojo a los pies, para el asesino del cisne. La hiedra teje una telaraña de olvido a su alrededor, y solo queda el dolor, solo queda el dolor…

52876800 segundos

El primer segundo fue el más difícil…

El momento en el que tomé conciencia por primera vez de que no estabas a mi lado, cuando amaneció y supe que no ibas a volver.

No digas adiós, di hasta luego. Miénteme.

Te lo dijeron mis ojos, y no comprendí mis miradas hasta que era demasiado tarde, y no bastaron mis palabras para que volviéramos a escuchar “Where is my mind?” sentados a quilómetros de distancia.

Ya he perdido cincuenta y seis millones ochocientos setenta y seis mil ochocientos segundos pensando que es de ti.

Quizás sea un tanto peculiar mi manera de decirte que te echo de menos.

Todo brilla a su alrededor

Una vez conocí a una pequeña luciérnaga, y nos hicimos muy amigas.

Las demás luciérnagas la dejaban de lado, decían que su luz no era bonita.

-¡Ah!¡Pero tienes luz!- le decía yo, y siempre me sonreía. Era tan brillante su sonrisa, ¿cómo no iba a ser bonita esa pequeña estrella de bolsillo?

Si le contaba un secreto centelleaba, y cuando íbamos de fiesta jamás dejaba de bailar. Por las noches siempre dejaba la ventana abierta, para que esparciera su luz por ahí, y al amanecer me despertaba revoloteando a mí alrededor.

Hace veinte meses desapareció, y ahora duermo con una vela al lado de mi cama porque me da miedo estar sola en la oscuridad.

Pedazitos de Corazón

Es gracioso ver todas las tonterías que hacemos para prevenir el dolor.

Hay quien envuelve su corazón en papel burbuja; otros se lo arrancan a mordiscos, y así, al menos, el daño se lo hacen ellos mismos; hay gente que vende su alma y sus sentimientos, y incluso hay quien vende su calor.

Y aun así, aun tomando todas estas precauciones, nuestro corazón tiende a romperse en grandes pedazos que dejamos esparcidos por las calles.

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